Con un gol en el cuarto minuto del alargue, Olimpo batió al Globo por cuarta vez consecutiva, perpetrando una verdadera injusticia. El primer tiempo de Huracán fue el mejor que hemos visto en mucho tiempo, para aplaudir de pie, como hizo la gente a pesar de que el marcador favorecía a la visita 1 a 0 por un gol del "Sungui" Blanco apenas comenzado el partido. En el segundo tiempo el empate de Cellay (de penal) y el cansancio, hicieron que el partido fuese un poco más parejo, y cuando era empate o triunfo del Globo, el tiro del final salió del arma bahiense. Jugando así seguramente se ganarán muchos partidos, pero es una lástima haber dejado tres puntos de local y contra un "rival directo".
Se perdió quemeros, es cierto. En el Ducó, una lástima. Y ante un rival directo, lamentablemente. Casi que podríamos afirmar que este arranque de Clausura es igual al arranque de “Chiche” Sosa en el Apertura, ¿o no? En el Ducó, con todo para ganar, y terminando con las manos vacías. Pero qué distinto es todo, ¿no?
Entre aquel 1-5 ante Tiro Federal y este 1-2 ante Olimpo, hay un abismo de diferencia. Aquel equipo nos hizo tener pesadillas esa misma noche, soñando con un futuro de “limpieza” de plantel, de goleadas en todos lados, y hasta de B Metropolitana. Éste equipo, en cambio, nos hizo ir a dormir tranquilos, con la sensación y los sueños intactos de volver a Primera, casi tan intactos como hace un par de días.
Es que el Globo, ayer, fue una máquina, sobre todo en los primeros 45 minutos. Con la misma base que terminó jugando el Apertura, con la misma idea de juego, y con las mismas ganas y actitud, el equipo del “Turco” salió a jugar el Clausura, ante el campeón, como si se tratara del rival más simple de todos. Con mucho toque y control de pelota, más la paciencia que siempre impone Mohamed en su equipo, Huracán fue arrinconando todo Bahía Blanca en el área de Marcos Gutiérrez. Precisamente él, ex arquero del Globo (aplaudido por gran parte de los quemeros), fue el culpable de que Huracán no termine arriba en el primer tiempo por dos o más goles de ventaja. Se cansó de sacar goles prácticamente hechos, a veces con muy buenos reflejos, otras con muy buena suerte. Ni Guerra, ni Coyette, ni Sánchez Prette, ni Solana, ni Milano, pudieron quebrar el arco rival. Olimpo, en cambio, sacó chapa de campeón, metió un pelotazo para Blanco (goleador del torneo pasado) y se puso arriba inmerecidamente con sólo una llegada de gol. Eso, y un tiro de un siempre “maltratado” por la tribuna Pablo Monsalvo, fue todo lo que generó la visita en el primer tiempo.
Para el segundo tiempo, el “Turco” nada cambió, porque si todo seguía igual, el gol, tarde o temprano, tenía que llegar. Huracán siguió presionando, Olimpo siguió apostando al contraataque (tuvo una clarísima en los pies de Cabrera, que no pudo definir sólo contra el arco aunque sin mucho ángulo). La fórmula se cumplió, porque en uno de los tantos ataques quemeros, el árbitro cobró una mano en el área y Cellay (100 % de efectividad desde que se encarga de los penales) puso el empate desde los doce pasos. Quedaban 35 minutos y parecía que el Globo, ahora sí, tenía todo el camino preparado para quedarse con los tres puntos. Pero... Se quedó sin nafta. A partir de ahí, Olimpo y el Globo se empezaron a repartir la pelota. Olimpo apostaba a la velocidad de sus delanteros y a la experiencia de Carrario para llegar al triunfo, mientras que Huracán se jugaba todo a la cabeza de Guerra o de Larrivey para conectar algún centro. Si bien el Globo era más profundo, las más claras las tenía Olimpo. Avisó Cabrera a los 45 con un remate violentísimo que alcanzó a despejar Leo Díaz, picó en la línea, y milagrosamente, gracias a San Efecto, no terminó en gol. Sin embargo, tres minutos después, con el partido casi terminado, Olivi se encontró con la pelota de frente a un arco vacío y no tuvo más que empujarla para sellar la victoria bahiense, injusta por todos lados.
Se cortó la racha de Mohamed, que venía con siete victorias y dos empates, y además se cortó una racha de 5 victorias consecutivas como local. Números, que no muestran más que una gran mentira, porque el Globo mereció ganar. Como dijo el “Turco” antes del partido, del campeón moral no se acuerda nadie, pero al menos los hinchas lo reconocen.
Algunas cosas para analizar, y que quedarán en el olvido, son los cambios que realizó el DT quemero: Goltz y Vigna a la cancha con funciones defensivas cuando hacía falta un gol más, la salida de Coyette (de buen debut, manejando los hilos del equipo con claridad y teniendo algunas situaciones de gol), y el no ingreso de Kato para buscar alguna otra variante ofensiva.
La figura del Globo, más allá del equipo, fue, sin dudas, Hugo Barrientos. Con la número cinco en la espalda, aquella que usara Monsalvo hace unos años, y con quien muchos lo comparamos el torneo pasado por sus constantes expulsiones, se hizo dueño de la mitad de la cancha y se cansó de robarle la pelota al equipo bahiense. Además, fue clarísimo en la distribución y muy sólido para relevar a Sánchez Prette cuando éste pasaba al ataque.
De pie, con las palmas arriba, y con las ilusiones intactas, despidió la gran cantidad de quemeros al equipo, porque jugando así, van a ser más las goleadas que vamos a gozar que las derrotas que vamos a sufrir. Porque jugando así, estamos mucho más cerca de volver a Primera que lo que muestra el resultado de ayer. Porque con esas ganas y esa actitud, las pesadillas con “Chiche” se convirtieron en sueños con el “Turco”.
Se perdió quemeros, es cierto. En el Ducó, una lástima. Y ante un rival directo, lamentablemente. Casi que podríamos afirmar que este arranque de Clausura es igual al arranque de “Chiche” Sosa en el Apertura, ¿o no? En el Ducó, con todo para ganar, y terminando con las manos vacías. Pero qué distinto es todo, ¿no?
Entre aquel 1-5 ante Tiro Federal y este 1-2 ante Olimpo, hay un abismo de diferencia. Aquel equipo nos hizo tener pesadillas esa misma noche, soñando con un futuro de “limpieza” de plantel, de goleadas en todos lados, y hasta de B Metropolitana. Éste equipo, en cambio, nos hizo ir a dormir tranquilos, con la sensación y los sueños intactos de volver a Primera, casi tan intactos como hace un par de días.
Es que el Globo, ayer, fue una máquina, sobre todo en los primeros 45 minutos. Con la misma base que terminó jugando el Apertura, con la misma idea de juego, y con las mismas ganas y actitud, el equipo del “Turco” salió a jugar el Clausura, ante el campeón, como si se tratara del rival más simple de todos. Con mucho toque y control de pelota, más la paciencia que siempre impone Mohamed en su equipo, Huracán fue arrinconando todo Bahía Blanca en el área de Marcos Gutiérrez. Precisamente él, ex arquero del Globo (aplaudido por gran parte de los quemeros), fue el culpable de que Huracán no termine arriba en el primer tiempo por dos o más goles de ventaja. Se cansó de sacar goles prácticamente hechos, a veces con muy buenos reflejos, otras con muy buena suerte. Ni Guerra, ni Coyette, ni Sánchez Prette, ni Solana, ni Milano, pudieron quebrar el arco rival. Olimpo, en cambio, sacó chapa de campeón, metió un pelotazo para Blanco (goleador del torneo pasado) y se puso arriba inmerecidamente con sólo una llegada de gol. Eso, y un tiro de un siempre “maltratado” por la tribuna Pablo Monsalvo, fue todo lo que generó la visita en el primer tiempo.
Para el segundo tiempo, el “Turco” nada cambió, porque si todo seguía igual, el gol, tarde o temprano, tenía que llegar. Huracán siguió presionando, Olimpo siguió apostando al contraataque (tuvo una clarísima en los pies de Cabrera, que no pudo definir sólo contra el arco aunque sin mucho ángulo). La fórmula se cumplió, porque en uno de los tantos ataques quemeros, el árbitro cobró una mano en el área y Cellay (100 % de efectividad desde que se encarga de los penales) puso el empate desde los doce pasos. Quedaban 35 minutos y parecía que el Globo, ahora sí, tenía todo el camino preparado para quedarse con los tres puntos. Pero... Se quedó sin nafta. A partir de ahí, Olimpo y el Globo se empezaron a repartir la pelota. Olimpo apostaba a la velocidad de sus delanteros y a la experiencia de Carrario para llegar al triunfo, mientras que Huracán se jugaba todo a la cabeza de Guerra o de Larrivey para conectar algún centro. Si bien el Globo era más profundo, las más claras las tenía Olimpo. Avisó Cabrera a los 45 con un remate violentísimo que alcanzó a despejar Leo Díaz, picó en la línea, y milagrosamente, gracias a San Efecto, no terminó en gol. Sin embargo, tres minutos después, con el partido casi terminado, Olivi se encontró con la pelota de frente a un arco vacío y no tuvo más que empujarla para sellar la victoria bahiense, injusta por todos lados.
Se cortó la racha de Mohamed, que venía con siete victorias y dos empates, y además se cortó una racha de 5 victorias consecutivas como local. Números, que no muestran más que una gran mentira, porque el Globo mereció ganar. Como dijo el “Turco” antes del partido, del campeón moral no se acuerda nadie, pero al menos los hinchas lo reconocen.
Algunas cosas para analizar, y que quedarán en el olvido, son los cambios que realizó el DT quemero: Goltz y Vigna a la cancha con funciones defensivas cuando hacía falta un gol más, la salida de Coyette (de buen debut, manejando los hilos del equipo con claridad y teniendo algunas situaciones de gol), y el no ingreso de Kato para buscar alguna otra variante ofensiva.
La figura del Globo, más allá del equipo, fue, sin dudas, Hugo Barrientos. Con la número cinco en la espalda, aquella que usara Monsalvo hace unos años, y con quien muchos lo comparamos el torneo pasado por sus constantes expulsiones, se hizo dueño de la mitad de la cancha y se cansó de robarle la pelota al equipo bahiense. Además, fue clarísimo en la distribución y muy sólido para relevar a Sánchez Prette cuando éste pasaba al ataque.
De pie, con las palmas arriba, y con las ilusiones intactas, despidió la gran cantidad de quemeros al equipo, porque jugando así, van a ser más las goleadas que vamos a gozar que las derrotas que vamos a sufrir. Porque jugando así, estamos mucho más cerca de volver a Primera que lo que muestra el resultado de ayer. Porque con esas ganas y esa actitud, las pesadillas con “Chiche” se convirtieron en sueños con el “Turco”.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario