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22 noviembre 2006

¿Sirvie para algo?

Por primera vez, alguien rompe el código de silencio del fútbolEntre 2002 y 2004, fue el presidente de Independiente, el club históricamente ligado al mandamás de la AFA, Julio Grondona. Alejado ya de los vaivenes de la pelota, se decidió a contar lo que el mundo del fútbol conoce y nadie se anima a decir. Arbitros. TV. Partidos arreglados. Barrabravas. Violencia. Negocios. Política. La parte más negra de la gran pasión de los argentinos.
Por carlos romero/federico bassahun19.11.2006
En foco. El ex presidente de Independiente posa frente a la puerta de ingreso del predio que la AFA tiene en Ezeiza. Conoce como pocos las alfombras del poder futbolístico argentino. Y decidió revelar lo que sabe.

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Perfil

—¿Cuál es la relación entre los barrabravas y los clubes?
—No hablaría de barrabravas. Para mí es la hinchada, porque si no la barra terminan siendo unos pocos. Lo mostró el partido de Racing del otro día: aplicaron el derecho de admisión a 16 tipos que supuestamente son delincuentes, y mientras en la cancha 300 se peleaban con la Policía, los otros miles de la tribuna apoyaban, no decían: “Paren, no hagan disturbios”. Por eso, el nombre barrabrava no me gusta. ¡Si vieras a los dirigentes discutir en la Comisión Directiva de un club! Te preguntás: “¿Esto es un barrabrava?”. No hay diferencia, la única es que al hincha se lo somete a un trato que lo convierte en un animal, desde que salís de tu casa, llegás al estadio y te aprieta la Policía, hasta que tenés un referí que fue digitado y te condiciona el partido. ¿Por qué se dice que los hinchas de Gimnasia apretaron a sus jugadores para que vayan para atrás? Porque se enteraron de que otro club les pedía a sus jugadores que por más plata ganen un partido, cuando antes, y contra su rival histórico, se comieron siete goles. Eso el hincha lo siente. No lo justifico, pero lo entiendo.
—Pero dentro de la hinchada, ¿la barra no tiene un vínculo distinto con el club?
—Sí, son los representantes de la hinchada. Nunca escuché a un hincha de Boca decir que (Rafael) Di Zeo no lo representa. Y eso le da poder, dominio y una relativa condición económica que él usa para sentarse a la mesa de discusión. No está en la comisión directiva, pero para tomar una decisión que tenga que ver con el hincha de Boca, se habla con Di Zeo, porque él mueve 1.500, 2.000 personas. En el fútbol, con 2.000 personas ganás una elección en cualquier club, y Di Zeo tiene 2.000 personas que a su vez son representantes de otras 10 mil, porque si no el segundo piso de la cancha de Boca no estaría lleno. La gente elige ir donde está La 12. Esto está claro. Nos guste o no nos guste. En la década del 80, el jefe de la hinchada de Independiente, el Gallego, firmaba autógrafos. Ibas a una cancha de visitante y no te pegaban ni te robaban, porque ese tipo con otros te defendía y cuidaba mejor que la Policía. Así se fue gestando un grupo de poder. Después, se dieron cuenta de que el fútbol es un enorme negocio donde los vivos se llenan de plata y el hincha, como pasa hoy, no puede ir a la cancha, y decidieron formar parte de ese negocio, para que los hinchas que representan a la mayoría tengan ciertos privilegios: no pagar entrada, transporte gratuito hasta los estadios y también conexiones políticas que después les dan posibilidades de trabajo a muchos.
—¿De dónde sale el dinero para mantener a las barras?
—Sale siempre del club. Cuando llegué a Independiente, el 80 por ciento de ese grupo más representativo era socio y la cuota la pagaba el club.
—¿La barra tiene su propio presupuesto?
—Es un presupuesto ya establecido. Por ejemplo, si hay un partido de la Copa Sudamericana está contabilizado en los gastos para el equipo. Van a viajar 50 muchachos, hay que conseguir pasajes y los pasaportes. La hinchada funciona como un presupuesto más. Es así en el fútbol en general, y no es un delito.
—¿Y cuando esos hinchas son violentos?
—¿Cómo podés individualizar esa violencia? No hay un tipo que haya mostrado más públicamente su accionar que Di Zeo. No lo defiendo. Tiene que ser juzgado y condenado por lo que haya hecho, ¡pero el tipo sale en televisión! Julio Grondona acaba de firmar un contrato donde privatizó la Selección de fútbol y nadie sabe con qué grupo empresario. Tampoco hay acceso al contrato de la televisión. El jefe máximo oculta todo y el tipo que decimos que es el violento número uno te muestra su accionar. Lo vimos pegándole una piña a un tipo que se quería colar. Todos dicen: “Eh, mirá cómo le pega”. ¡La Policía te mata a golpes si querés colarte! Hoy se aplica el proyecto de (Raúl) Gámez, que lo presentó cuando yo estaba en el comité ejecutivo de la AFA y se le rieron en la cara Grondona y sus amigos. Gámez (de Vélez) legitima a la hinchada. Les dice: “Son los guardianes de la tribuna. Les doy micros y entradas, pero si hay un despelote ustedes son responsables”. ¿Qué despelote tuvo Vélez desde entonces?
—Pero muchas veces son las barras las que generan violencia en la cancha.
—Sí, pero no podés encarar el tema barras si primero no sacás al responsable máximo. Si todo lo que pasa en el fútbol es oscuro y sospechoso, ¿qué le puedo pedir a un hincha? Cuando echen a Grondona, ahí Di Zeo, el jefe de Policía y el presidente del club van a entender que los pueden echar a ellos. Ojo, en la cancha también hay delincuentes. Hoy están en la calle robando y el domingo van a la cancha. Eso es inevitable, es un tema social. Usaron el derecho de admisión y volvió a pasar, y van a ir sólo los locales y va a volver a pasar.

Arbitros y policías. “La gente sabe qué referí la perjudica y cuál no, y va condicionada. Pregunten en cualquier club cuál es el árbitro que te perjudica y los hinchas lo saben, porque ese árbitro está digitado para dirigir determinado club. ¿Por qué hay árbitros que, apenas entran a la cancha, 50 mil tipos los insultan? ¿No lo sabe la AFA? ¿Para qué los ponen? En una época, en River sabías que si dirigía (Angel) Sánchez era una fiesta para los hinchas de River. Y está el caso opuesto: por algo (Fabián) Madorrán no dirigió por dos años River, porque si no terminaba mal. Si le conviene al sistema, se aplica el “derecho de admisión” a los referís, y cuando no conviene, le importa un pito”.

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