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27 agosto 2006

Tigre soltó el último grito y dejó mudo a Huracán

Fuente: Clarin

Se infla y se desinfla tan rápido que cuesta entender las razones y hay poco tiempo para analizar los porqué. Una vez más, en la previa, parecía que Huracán sería el protagonista del partido. Y, una vez más, terminó ayer teniendo un pobre papel, cediendo el protagonismo y perdiendo, casi sobre la hora, con Tigre 2 a 1. Así, los dirigidos por Osvaldo Sosa siguen sorprendiendo con su irregularidad, ésa que lo lleva a perder, de local, 5 a 1 con Tiro Federal y luego, a los pocos días, ganarle a Instituto en Córdoba; ésa que produce el malestar de su gente (despidió ayer al equipo con silbidos); ésa que hace que no pueda pelear arriba. Sorprende con su irregularidad, también, como Tigre lo hizo ayer con su orden, con su inteligencia y con su fútbol: tres claves que le permitieron en Parque Patricios quedarse con los tres puntos.


Durante la primera parte, Huracán pareció dividido. De un lado, los defensores; del otro, los delanteros. ¿El mediocampo? Ausente. Sólo en los primeros minutos, Solana fue el puente que comunicó a los dos extremos. Pero ese puente se cortó como la cuerda de un violín; el enganche desapareció, y Huracán comenzó a desentonar: recurrió a los innumerables (e inofensivos, por cierto) pelotazos hacia los solitarios Larrivey y Núñez.


Tigre, por su parte, fue la contracara de la estrategia del local. Intentó siempre jugar por abajo, cuidando el balón como la piedra más preciada. De la mano de sus hombres zurdos (léase Torres, Giménez y Wilches), aprovechó su carril izquierdo para desarrollar sus mejores avances. Y fue por ese carril, justamente, por donde llegó la apertura del marcador: después de una buena maniobra de Yassogna, Cristian Díaz, en contra, la empujó a la red. Ganaba Tigre. Y estaba bien.


Pero el fútbol, se sabe, no siempre entiende de justicia y merecimientos. Lo impensado suele aparecer súbitamente. Y en Parque Patricios sucedió ayer otra muestra: Poggi (reemplazó a Solana y mejoró la imagen de su equipo), en su primera intervención, comandó la jugada que definió Larrivey para empatar el encuentro. "Nos dormimos sólo unos minutos y casi lo pagamos caro", sostuvo Caruso Lombardi.


Parecía que Huracán se inflaba devuelta: sin ideas, aunque con mucho sacrificio, arrinconó, por momentos, a un Tigre que, de todas maneras, siempre lo controló. Fueron sólo algunos minutos, claro está. Porque, tras la avanzada, el Globo se volvió a desinflar, y los hombres de Victoria terminaron de pincharlo con el gol de Román Martínez cuando quedaban cuatro minutos para el pitazo final.

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