Dos goles de Simón le permitieron al equipo de Mataderos hacer la diferencia y después aguantar, a pesar de que le expulsaron a dos jugadores.

El clima estaba enrarecido. Una mezcla de tensión, impaciencia, nervios y expectativa se apoderó de la tarde de Parque Patricios. Huracán tenía que ganar, para abrir el paracaídas en medio de una caída libre futbolística y anímica que nuevamente se vio dentro de la cancha. Pero Chicago fue vivo y supo cómo hacer su negocio...
El equipo de Antonio Mohamed por momentos pareció temeroso. Quizás producto del mal trago que vivió la semana pasada, cuando un grupo de ¿hinchas? amenazó a varios jugadores (entre ellos Larrivey, a quien le llegaron a arrojar un cuchillo) en el hotel donde se hospedaban en Comodoro Rivadavia.
Lo cierto es que Chicago pegó duro y justo. Pese a la mala tarde del árbitro Darío Maccarone, que expulsó incorrectamente a Nicolás Sánchez, el conjunto de Rodolfo Motta construyó su victoria en base a las buenas actuaciones del arquero Vega, quien sacó casi todo lo que le tiraron, y de Lucas Simón, autor de los dos goles. Precisamente Simón, a los 24 minutos de la primera parte, marcó el polémico primer tanto. Es que el delantero de Chicago aprovechó una pelota que quedó boyando en el área y la empujó. Muchos reclamaron un supuesto offside suyo en la jugada previa, pero estaba habilitado. Fue uno de los pocos aciertos en la opaca tarde de Maccarone.
Larrivey pudo empatarlo dos minutos después. Pero Huracán no tuvo suerte: el palo dijo no. Marini fue uno de los pocos puntos altos en el local. El alquimista que supo transformar los nervios en tranquilidad y la desesperación en fútbol. Pero su experiencia no fue suficiente.
A pesar de los dos hombres de más, en el segundo tiempo Huracán tampoco desequilibró. Chi cago se abroqueló en el fondo y, a los 31 minutos, terminó de enterrar el puñal. Simón aprovechó un error de Cellay y definió de manera exquisita ante la salida de Pozo. El descuento de Alfaro mediante un cabezazo bien colocado sólo fue anecdótico, al igual que el desesperado intento que sobre la hora le atajó Vega.
Pero caer, a veces, no significa haber perdido el equilibrio. Aunque ni el técnico ni los jugadores de Huracán quisieron hacer declaraciones, la mesura fue el denominador común tras el partido. La gente que los esperó a la salida sólo les ofrendó aplausos en medio de la bronca.



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